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NUESTRO DERECHO A LA PROTESTA NOS EXIGE SER ARTESANOS DE LA ESPERANZA Y LA PAZ

«Cuando se respeta la dignidad del hombre, y sus derechos son reconocidos y tutelados, florece también la creatividad y el ingenio, y la personalidad humana puede desplegar sus múltiples iniciativas en favor del bien común» (Papa Francisco, Fratelli Tutti, 22).
El clamor de justicia social que se eleva en la manifestación social que vive Colombia, reclama el respeto del valor supremo de la vida, de los bienes públicos y privados y la defensa de los derechos humanos. La noble aspiración de una mejor nación es una tarea con mirada de futuro abierta a la esperanza: es una labor artesanal.

  1. Respetemos la vida. Ser artesanos de la esperanza y de la paz, implica tutelar la vida de quienes hacen uso de su derecho a la movilización social para reclamar sus derechos. Particular atención merecen las vulneraciones a la dignidad de jóvenes, mujeres y menores de edad. Llamamos a las autoridades a salvaguardar la vida y el trato digno a los connacionales que se movilizan. Invitamos a los manifestantes a no ceder en la tentación de hacer uso de la violencia, y evitar con vehemencia actos oportunistas y demenciales en contra de agentes inermes o del bien público y privado.

2. Necesitamos dialogar. Ser artesanos de la esperanza y de la paz implica acercarnos a nuestra realidad y comprenderla para encontrarnos y ayudarnos mutuamente en la construcción de soluciones que propicien del desarrollo humano integral. Urgimos la apertura inmediata de espacios de concertación para buscar salidas justas a la crisis política, social, económica y ambiental que viven nuestras comunidades y que se expresan de maneras diversas en las jornadas de paro que se convocan.

3. Garanticemos corredores humanitarios. Ser artesanos de la esperanza y de la paz implica permitir corredores humanitarios para el acceso a los bienes esenciales: en materia de salud (medicinas, oxígeno, vacunas, ambulancias en remisión de pacientes críticos), en materia alimentaria (víveres y aquellos productos necesarios para satisfacer la mínima seguridad alimentaria de la población), y en materia de salubridad (disposición oportuna de las basuras para evitar contaminaciones, infecciones, etc.).

La Iglesia Católica en el Departamento de Nariño, servidora de la esperanza y la paz como lo pide el Evangelio, ratifica su disposición de acompañar espacios de escucha y reflexión para que institucionalidad y comunidades puedan lograr acuerdos y avancen «hacia un orden social y político cuya alma sea la caridad social. Igualmente, expresamos nuestro compromiso de facilitar los canales humanitarios necesarios para la protección de las comunidades y del bien común.
Convocamos a rehabilitar la política, que «es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común» (Papa Francisco, Fratelli Tutti, 180). No a los oportunismos en medio de la crisis, sí al compromiso que pone por encima el bien superior de la patria y los colombianos.
Hacemos un llamado respetuoso a los jóvenes, protagonistas en estos días de muchas movilizaciones; no se dejen ilusionar por propuestas violentas, egoístas y que responden a proyectos personales. Al respecto el Papa Francisco nos dice: Propongo a los jóvenes ir más allá de los grupos de amigos y construir la «amistad social, buscar el bien común. La enemistad social destruye. Y una familia se destruye por la enemistad. Un país se destruye por la enemistad. El mundo se destruye por la enemistad. Y la enemistad más grande es la guerra. Y hoy día vemos que el mundo se está destruyendo por la guerra. Porque son incapaces de sentarse y hablar […]. Sean capaces de crear la amistad social» (Christus Vivit No. 169)
Hacemos eco a la voz de nuestros hermanos del episcopado colombiano, invitando a «repensar el futuro de nuestra nación y emprender juntos la tarea de realizar un proyecto común para el país» (Comunicado CEC No. 62). Exhortamos a acoger el llamado a la jornada de oración por la paz y la reconciliación en todas nuestras parroquias, este próximo viernes 7 de mayo, como lo ha pedido nuestra Conferencia Episcopal de Colombia.
Fraternalmente,

Orlando Olave Villabona
Obispo de Tumaco

José Saúl Grisales Grisales
Obispo de Ipiales

Juan Carlos Cárdenas Toro
Obispo de Pasto

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